Cuatro meses con muchos nubarrones sobre nuestra economía

May 9, 2017

 

En este punto del camino se hace necesario detenernos un momento y ver cómo se ha desarrollado la economía durante estos primeros meses del 2017. Solo así se podrá tomar atenta nota y corregir acciones en aquellos campos en los que se haga indispensable, teniendo en cuenta que aún estamos a tiempo. Muchos vaticinaban para este año un periodo de recuperación frente al difícil 2016 que tuvimos que vivir, mientras que otros, menos optimistas, veían la reforma tributaria como el talón de aquiles que podría desestabilizar variables macroeconómicas tales como la inflación, la tasa de interés, el consumo, la inversión extranjera, el empleo y el crecimiento.

 

Aún no podemos saber con exactitud quién tenía la razón. Lo que sí podemos hacer es, de acuerdo a las cifras que tenemos al día de hoy, analizar la tendencia hacia donde parecemos dirigirnos.

 

En primer lugar, los datos arrojados nos dejan ver un espectro no muy claro: algunas variables progresan mientras que otras no salen de su estancamiento. Muestra de que no es clara la recuperación económica, es la reiterada posición del Ministro de Hacienda por alcanzar una disminución más rápida de la tasa de intervención del Banco de la República en pro de dinamizar la economía y lograr un ritmo más acelerado. Aunque no se ha hecho al compás que el Gobierno quiere, durante el año se han realizado tres reducciones situando la tasa de intervención en 6.50%. Disminuir esta tasa debe ser una labor independiente de los intereses del Gobierno, aunque éste tenga presencia dentro de la Junta.

 

El principal parámetro para que la tasa de interés llegue a un punto que motive más la inversión y el consumo, es la inflación; a pesar de que esta ha disminuido (variación anual: enero 5,47% - Febrero 5,18% - Marzo 4,69% - Abril 4.66%), aún nos encontramos por fuera del rango meta del Banco de la República, por lo que una mayor disminución de la tasa debería realizarse con suma prudencia. Se espera que para los siguientes meses la incidencia del aumento del IVA ya no sea tan fuerte y la inflación se pueda acercar más al 4%. Tampoco podemos dejar de lado una posible cotización del dólar muy cercana a los 3000 pesos que puede llegar a ser un factor de presión inflacionaria.

 

En segundo lugar, el dólar ha tenido un comportamiento al que se le podría llamar “estable” a pesar de todas las fuerzas a las que se ha sometido. Su precio ha variado entre 2.840 y 3.000 pesos por dólar durante estos primeros meses; dicha estabilidad se debe a que las distintas influencias se han contrarrestado: por una parte, Trump y su intención de llevar la economía americana al pleno empleo y, por otra, la FED lista a contrarrestar un posible recalentamiento mediante la subida de la tasa de interés. Sin dejar de lado el precio del petróleo que a principios de año tuvo tendencia positiva con algunos episodios aislados de disminución, pero que ahora muestra una tendencia no muy prometedora y que deja por sentado que países productores como Colombia tienen que acostumbrase que los precios altos no van a volver a ser una constante, lo que induce a la búsqueda de soluciones pertinentes al respecto.

 

Sin embargo, no todas las variables han tenido un comportamiento alentador para nuestra economía. Las encuestas realizadas por Fedesarrollo muestran cómo el índice de confianza del consumidor llegó este año a su peor nivel en los últimos tiempos, lo que nos lleva a concluir que por ahora el consumo puede no mostrar las señales de  recuperación deseadas, pues si los consumidores se sienten pesimistas frente a su realidad económica, serán muy precavidos con el gasto y la inversión.

 

Considero que es muy importante hacer el seguimiento al comportamiento de las exportaciones. No cabe duda que durante los últimos meses se han logrado cifras positivas (en marzo con un crecimiento del 37.9% frente al mismo mes en 2016), pero seguimos dependiendo en gran medida de productos minero-energéticos. Mientras no diversifiquemos nuestra canasta de exportaciones, principalmente con  productos de valor agregado, seguiremos enfrentando gran dependencia de los precios internacionales de los commodities, situación que ya ha demostrado ser de mucho riesgo.

 

Debemos continuar muy atentos a las diferentes señales macroeconómicas, asumiendo que el crecimiento que se espera para este año será, a lo sumo, muy similar al del año 2016. El gasto en infraestructura debe acelerarse, al igual que el dinamismo de nuestras exportaciones, si no queremos cerrar el año con cifras muy mediocres. Se requiere adicionalmente, un mayor esfuerzo del Gobierno para que la industria, principalmente,  tome fuerza.

 

Será necesario entonces esperar un poco más el desarrollo del presente período y observar detenidamente qué pasa con el plan de “Colombia Repunta” y esperar que el contexto internacional no tome rumbos inesperados, pero definitivamente los datos no son para nada alentadores. 

 

Henry Bradford Sicard

@HenryBradfordS

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